Pero la hubo. O al menos algo bastante parecido.
Al norte del Barrio del Pilar, un barrio del noroeste de la villa de Madrid, existe una enorme y amplísima arteria que actualmente se llama avenida del Cardenal Herrera Oria. Hace bastante tiempo pasé casualmente por allí en coche y una amiga me comentó que esta extraordinaria avenida aún se conoce popularmente con el nombre de Carretera de la Playa. Mi pregunta inmediata y lógica fue: “¿Playa? ¿Hay o hubo algo parecido a una playa en Madrid?”.
Días después tengo una respuesta, creo que satisfactoria: la Avenida del Cardenal Herrera Oria en otro tiempo se llamó Carretera de la Playa porque conducía a la conocida como “playa de Madrid”, a orillas del río Manzanares. La nueva costa madrileña fue inaugurada en 1932 y consistía en una especie de presa en la que se retenían las aguas provenientes de la confluencia entre el mencionado río y el arroyo Fresno. Con una superficie de unos 30.000 metros cuadrados, tuvo el honor de ser la primera playa artificial de España. Me cuentan que los madrileños allí no se privaban de nada: tenían desde restaurante a frontón, pasando por una pista de patinaje. Como se puede imaginar todo aquel que conozca el estado actual del río, la contaminación hizo que la playa fuese cerrada, dando paso, si no me equivoco, a lo que más tarde se conoció como Parque Sindical.
Así que ya saben, haberla la hubo, artificial, sí, pero existió. Hoy, aquí, en Madrid, no hay playa:
Aquí no hay playa, The refrescos



















Abril 4, 2008 a las 10:09 am
Pues ya podía hacer algo parecido de nuevo, como hacen en Paris a orillas del Sena, al menos es original.
Abril 4, 2008 a las 10:38 am
No sé qué decirle Aspirino, hoy día con tanto parque acuático lo de gastar esfuerzos en hacer una playa artificial no veo que tenga mucho sentido; y por otro lado, el sol de París no es el sol de Madrid, y la privilegiada ubicación del Sena no es comparable a la del Manzanares, por no entrar en otras dolorosas comparaciones entre los dos ríos.
Aunque hay que reconocerle una extraña virtud al río Manzanares: logró que Quevedo y Góngora estuvieran de acuerdo en algo:
FRANCISCO DE QUEVEDO
Manzanares, Manzanares,
arroyo aprendiz de río,
(…)
Muy ético de corriente,
muy angosto y muy roído,
con dos charcos por muletas,
en pie se levantó y dijo:
“Tiéneme del Sol la llama
tan chupado y tan sorbido,
que se me mueren de sed
las ranas y los mosquitos.
Yo soy el río avariento
que, en estos infiernos frito,
una gota de agua sola,
para remojarme pido.
Estos, pues, andrajos de agua
que en las arenas mendigo,
a poder de candelillas,
con trabajo los orino.
…
LUIS DE GÓNGORA
Duélete de esa puente, Manzanares;
Mira que dice por ahí la gente
Que no eres río para media puente,
Y que ella es puente para muchos mares.
Hoy, arrogante, te ha brotado a pares
Húmedas crestas tu soberbia frente,
Y ayer me dijo humilde tu corriente
Que eran en marzo los caniculares.
Por el alma de aquel que ha pretendido
Con cuatro onzas de agua de chicoria
Purgar la villa y darte lo purgado,
Me dí ¿cómo has menguado y has crecido?
¿Cómo ayer te vi en pena, y hoy en gloria?
—Bebióme un asno ayer, y hoy me ha meado