La T (te) es otro ejemplo de letra bien asentada en nuestro alfabeto. Es la vigésima tercera letra del abecedario español y representa un fonema consonántico oclusivo, dental y sordo. Podemos decir de su pronunciación que es nítida y martilleante. Cuando la encontramos en posición intervocálica sufre una sonorización, acercándose mucho en su pronunciación a la D (de), también dental pero sonora.
A partir de 1779, en la sexta edición de su Ortografía, La Real Academia Española de la Lengua decide suprimir el dígrafo th; y así, Athenas, theatro o rheuma pasan a escribirse en las formas simplificadas actuales que todos conocemos: Atenas, teatro o reuma.
(*) Greguería de Ramón Gómez de la Serna.
Al hilo de la lectura de Historia de las letras, de Juan Ramón Lodares
In Memoriam


















